¿SON LOS NEGOCIOS UN ASUNTO DE GÉNERO?

Parte I: Evolución del rol de las mujeres

Hace unos meses participé en una investigación titulada “¿Es la sustentabilidad un asunto de género?”. Entendiendo la sustentabilidad como “capacidad que haya desarrollado el sistema humano para satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer los recursos y oportunidades para el crecimiento y desarrollo de las generaciones futuras” y partiendo de que ésta tiene tres ejes: el económico, ambiental y social.

Los hallazgos fueron reveladores. Identificamos que los hombres con cierto perfil, el de tomadores de decisiones en el sector privado y que muestran mayor grado de actitudes machistas (es decir, que están convencidos de que el rol de la mujer es el de ser madre y esposa y el suyo el de ser proveedor, etcétera), tomaban decisiones que daban prioridad a lo económico. No obstante, reconocemos que no todos son iguales y que ahora hay cada vez más hombres conscientes del machismo y encontramos que aquellos, en cambio, que no mostraban este tipo de actitudes se orientaban hacia las acciones que encaminan al eje ambiental. Sólo una población mínima priorizó el eje social.

Las mujeres que presentaron un perfil máximo de machismo, de manera similar, daban prioridad a lo económico; sin embargo, las que mostraron nulas actitudes machistas decidían de manera balanceada, dando prioridad a los tres ejes. Es decir, tomaban decisiones más equilibradas y, por ende, sustentables. Para explicarles cómo esto se traduciría al mundo real, les pongo este ejemplo: si la muestra que participó en la investigación representara a todas y todos los CEOs del mundo, la estrategia más sencilla y efectiva para hacer un cambio inmediato, desde la toma de decisiones para crear un desarrollo sustentable, sería que ellas estuvieran a cargo de estas empresas.

¿CÚANDO HABLAMOS DE NEGOCIOS, HABLAMOS DE GÉNERO?

Gracias a esta investigación ganamos el Premio de Investigación Arturo Díaz Alonso. A partir de este reconocimiento, comenzamos a escuchar comentarios como: “los negocios no son asunto de género; los negocios son negocios”. Yo parto de que la gente no es malintencionada, que muchas veces hablan desde la ignorancia y, por tanto, tomaré la oportunidad de escribir en éste y los siguientes meses sobre por qué los negocios sí son asunto de género, y no sólo desde la toma de decisiones, también desde la formulación de nuevos productos y servicios, la contratación y permanencia de las y los empleados, el clima organizacional al interior de las empresas, el perfil de empleado ideal, las conductas y decisiones de consumo de hombres y mujeres, la satisfacción de las y los clientes y su perfil de necesidades, intereses y prioridades.

DE PRIVADAS A PÚBLICAS

Para efectos de este artículo acotaremos la definición de género a los mandatos y expectativas socialmente construidas que tienen hombres y mujeres por el solo hecho de haber nacido con tal o cual sexo. Que a las mujeres nos hayan puesto en la parte privada y a los hombres en el mundo público ha creado desigualdad de oportunidades; para nadie es sorpresa que hasta hace poco las mujeres gozan de derechos económicos y laborales, que se han incorporado en el mercado laboral formal, que ocupan puestos gerenciales y directivos y que son dueñas de negocios.

El rol que antes tenían era de dependientas económicas y de seres dedicadas al hogar. Cuando hace años se creaban productos y servicios para ellas, muchos partían de la interpretación que los hombres de negocios tenían sobre lo que ellas querían. Incluso haciendo investigaciones de mercado, las conclusiones pueden ser sesgadas por los ojos desde donde se leen, esto se vuelve especialmente relevante cuando los estereotipos de que las mujeres son incomprensibles, complejas o, peor aún, que “no saben lo que quieren” permean en las decisiones de mercado.

Afortunadamente, el reconocimiento de las mujeres como activas en lo público ha llevado al diseño de nuevos productos y servicios que realmente atiendan lo que queremos y necesitamos hoy en día, desde los múltiples roles que ya tenemos como empresarias, activistas, ciudadanas y líderes. Se ha ampliado el enfoque que antes se tenía, de sólo vernos como madres-esposas.

¡Esta nueva mirada ha abierto nuevos mercados! Muchas empresas, viejas y nuevas, están perdiéndose esta oportunidad por seguir tratando de encajarnos en estereotipos y un orden social que ya caducó. Desmontar el viejo modelo de género para ver de manera más integral a las mujeres también ha permitido atender a diferentes segmentos de mercado que antes ni siquiera se les volteaba a ver, por ejemplo mujeres profesionistas, mujeres que deciden no ser madres (o ser madres en edad avanzada), no casarse, emprender y elegir carreras de vida que nunca se habían aceptado o visto.

Regresando a los hallazgos de la investigación que realizamos, ¿sabían que las sillas ejecutivas están hechas al modelo ergonómico de los hombres y las secretariales al cuerpo de las mujeres? ¿Se imaginan cómo impacta el perfil de un hombre y mujer machista en el diseño de productos y servicios que respondan a un nuevo orden en el que las mujeres están posicionándose cada vez más fuerte como actoras públicas y los hombres, aunque de manera más lenta, se involucran cada vez más en los cuidados y el hogar? ¿Cuántas oportunidades se están perdiendo?

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