Realidad virtual en el aula: la experiencia como base del aprendizaje
La evidencia científica muestra que las experiencias inmersivas mejoran el aprendizaje, el compromiso y las habilidades prácticas. Pero también es clara en algo: sin diseño pedagógico y sin docentes preparados, la tecnología por sí sola no basta.
• El mercado de realidad virtual en México crece 19.5% al año, más rápido que el promedio mundial, y podría superar los 1,500 millones de dólares en 2034.
• Quienes se capacitan con realidad virtual se sienten 3.75 veces más conectados emocionalmente con el contenido y están hasta 4 veces más concentrados.
• La formación de docentes con realidad virtual inmersiva tiene un efecto tres veces mayor que cuando se usa una computadora.
• 9 de cada 10 docentes en América Latina quieren capacitarse en nuevas tecnologías educativas.
La realidad virtual dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta educativa con un crecimiento acelerado. Se estima que el mercado global de realidad virtual en educación pasará de 20,380 millones de dólares en 2025 a 83,090 millones en 2034, con un crecimiento anual de 16.6%, según la consultora Fortune Business Insights. América Latina ya representa 9.3% de ese mercado, alrededor de 1,890 millones de dólares, y se espera que alcance 2,260 millones en 2026.
México avanza incluso más rápido. Según la consultora International Market Analysis Research and Consulting Group (IMARC Group), se estima que el mercado mexicano de realidad virtual pasó de 118.6 millones de dólares en 2020 a 288.9 millones en 2025, y que llegará a 1,501 millones en 2034, con un crecimiento anual de 19.5%, por encima del promedio mundial. En paralelo, el mercado de tecnología educativa (EdTech) en México podría pasar de 4,900 millones de dólares en 2025 a 14,600 millones en 2034.
El país también tiene la base para dar el siguiente paso. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, del INEGI, 86.1% de los mexicanos de 6 años o más usa internet. El 78.3% de los hogares está conectado, y Nuevo León se ubica entre los estados más altos, con 89.9% de hogares con internet. Además, 84.6% de la población usa celular, contra 38.1% que usa computadora o tablet. Es un país que se conecta desde el teléfono, lo que abre la puerta a experiencias inmersivas cada vez más accesibles.
La evidencia respalda el entusiasmo. Un metaanálisis de 48 estudios publicado en la revista Educational Research Review en 2022 encontró que la realidad virtual inmersiva mejora el aprendizaje frente a la enseñanza tradicional, con efectos más marcados en educación básica y media. Otro metaanálisis, de 37 estudios en ciencias e ingeniería publicado en 2024, mostró que mejora las habilidades prácticas, especialmente cuando se usa para practicar y en el área médica.
“Las tecnologías inmersivas abren una oportunidad extraordinaria para llevar el aprendizaje experiencial a una nueva dimensión. Aunque requieren una inversión inicial, también pueden permitir, en el largo plazo, desarrollar experiencias prácticas de aprendizaje de una manera más económica, escalable y segura”, explica Miguel Sabal, especialista en innovación educativa y director de VR Latam.
La investigación también muestra que el diseño pedagógico es lo que potencia la experiencia. Un estudio de la Universidad de Copenhague y la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB), con casi 300 estudiantes de preparatoria, encontró que la realidad virtual aumentó el gusto por aprender y la sensación de presencia, es decir, la inmersión. Cuando esa experiencia se combinó con actividades prácticas con objetos reales, los estudiantes mejoraron de forma significativa en el aprendizaje de procedimientos y en su capacidad de aplicar lo aprendido a situaciones nuevas. La diferencia estuvo en cómo se integró la tecnología a la clase.
El mismo principio aplica a otras tecnologías. En 2025, la Universidad de Harvard publicó en la revista Scientific Reports un estudio con 194 estudiantes de física: un tutor de inteligencia artificial diseñado con principios pedagógicos, que guía sin dar respuestas, divide los problemas en pasos y usa un lenguaje motivador, logró más del doble de aprendizaje que una clase activa, en menos tiempo y con alumnos más motivados.
La conclusión es clara, la tecnología despierta el interés y la inmersión, y el diseño pedagógico convierte esa experiencia en aprendizaje.
“No se trata de utilizar tecnología simplemente por innovar, sino de aprovechar su capacidad para convertir la experiencia en un detonador y catalizador del aprendizaje”, señala Sabal.
Este cambio coincide con una de las grandes transformaciones de la educación: el modelo basado en competencias. Ya no se trata solo de evaluar lo que el alumno sabe, sino también lo que puede hacer, con más peso en la evaluación formativa, la que acompaña el proceso, y no únicamente en el examen final.
“La memoria y la recordación ya no son el centro del aprendizaje. Hoy es más importante el engagement en clase, el interés, la motivación, el compromiso, la inmersión y todo lo asociado a la experiencia. La experiencia es la base del aprendizaje, no la memoria”, afirma el Miguel Sabal.
El aprendizaje experiencial ya tiene metodologías probadas, como el método del caso, que pone al estudiante en el lugar de quien toma decisiones frente a dilemas reales. Las tecnologías inmersivas llevan ese mismo principio a escenarios que se pueden vivir. Además, las simulaciones pueden incluir retroalimentación formativa apoyada en inteligencia artificial, el estudiante identifica sus errores, los corrige y repite el procedimiento las veces que necesite, sin riesgo.
Por eso, el diseño instruccional y la evaluación tienen que adaptarse. En lugar de prohibir la tecnología, se trata de diseñar actividades que exijan comprender, analizar, cuestionar y aplicar el conocimiento: simulaciones, debates y ejercicios en los que el alumno contraste lo que le dice una herramienta digital con la teoría de su disciplina.
Si la pedagogía es lo que hace la diferencia, el docente es quien la lleva al aula. Un análisis de 52 estudios, publicado en la revista Frontiers in Virtual Reality en 2025, encontró que la realidad virtual también mejora la formación de los propios maestros. El efecto es tres veces mayor cuando la experiencia es inmersiva que cuando se usa una computadora, y los mejores resultados se ven en manejo de grupo y habilidades socioemocionales.
EDUCAUSE, la principal asociación sin fines de lucro dedicada a la tecnología en la educación superior, recomienda capacitar a profesores y personal desde la primera etapa de cualquier programa de realidad extendida y formar un equipo de apoyo. También señala que crear contenido educativo de calidad es el reto más importante, por encima del equipo. Hoy existe poco contenido de realidad virtual en español, lo que convierte el desarrollo de experiencias inmersivas pensadas para América Latina en una gran área de oportunidad.
La buena noticia es que los docentes están listos. Según la Encuesta Nacional sobre Inteligencia Artificial Generativa (ENIAG) 2025, de la SEP, el 93% de los docentes en México ya adoptó la inteligencia artificial y 6 de cada 10 la usan cada semana, mientras que 97% de los universitarios también la utiliza. A nivel regional, la Encuesta sobre Inteligencia Artificial en Educación Superior en América Latina 2026, aplicada en 29 universidades, incluido el Tecnológico de Monterrey, muestra que 9 de cada 10 docentes quieren capacitarse y 76% ya crea materiales con estas herramientas.
El Foro Económico Mundial estima que 39% de las habilidades clave cambiará para 2030. Entre las que más crecen, además de la tecnología, están las humanas: pensamiento creativo, resiliencia, flexibilidad, curiosidad y aprendizaje continuo.
La experiencia inmersiva también fortalece el compromiso con lo que se aprende. Un estudio de una firma internacional de consultoría sobre capacitación en habilidades blandas encontró que quienes se entrenaron con realidad virtual se sintieron 3.75 veces más conectados emocionalmente con el contenido que en un salón de clases, estuvieron hasta 4 veces más concentrados y mostraron 40% más confianza para aplicar lo aprendido. Además, a partir de 375 participantes, la realidad virtual alcanzó el mismo costo que una capacitación presencial, y con 3,000 resultó 52% más económica.
Varias universidades y escuelas ya están incorporando estas tecnologías con nuevos programas e incluso maestrías especializadas. Todo apunta a que en los próximos cinco años instituciones y organismos harán un esfuerzo importante por adaptarse, cerrar brechas y acelerar la transformación educativa, con la tecnología como herramienta de igualdad de oportunidades.
El futuro de la educación no está en la tecnología por sí sola, sino en la tecnología con propósito pedagógico y acompañamiento humano. México tiene la conectividad, un mercado en crecimiento y docentes con ganas de aprender. El siguiente paso es diseñar experiencias inmersivas que pongan la experiencia en el centro del aprendizaje.