Vía Propósito: construir una vida con dirección, autoconocimiento y sentido

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Vía Propósito: construir una vida con dirección, autoconocimiento y sentido
Gabriela Guerra Quintanilla y Guillermo Arroyo Cota, Co-Fundadores de Vía Propósito

En un contexto donde las personas enfrentan cada vez más opciones, incertidumbre y presión por alcanzar el éxito, encontrar claridad sobre qué hacer con la propia vida puede convertirse en uno de los mayores desafíos. Para Gabriela Guerra Quintanilla y Guillermo Arroyo Cota, Co-Fundadores de Vía Propósito, la respuesta comienza con una pregunta fundamental: ¿qué vida queremos construir?

Vía Propósito es una plataforma de desarrollo personal y propósito dirigida a jóvenes y adultos. A través de talleres, herramientas y comunidad, busca acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, definición de propósito y crecimiento personal.

Pero detrás del proyecto también existe una historia empresarial construida a partir de experiencias profesionales, educación, amistad y una convicción compartida: el propósito no es una respuesta definitiva que se encuentra una sola vez, sino una dirección que se construye y se ajusta a lo largo de la vida.

Del propósito de vida a una oportunidad de emprendimiento

La trayectoria de Guillermo Arroyo está estrechamente vinculada con la educación. Después de décadas dedicadas a este ámbito, realizó un doctorado en la UDEM enfocado en el propósito de vida. A partir de esa investigación surgió la idea de llevar el conocimiento académico a talleres accesibles para jóvenes, empresarios, comerciantes y personas de distintas etapas de vida.

Gabriela Guerra, licenciada en Marketing, complementó esa visión con una perspectiva enfocada en entender las necesidades de las personas y convertir conceptos complejos en herramientas prácticas.

La combinación de perfiles fue fundamental para transformar una investigación sobre propósito en una propuesta empresarial.

El origen de Vía Propósito también refleja la importancia de las relaciones en el emprendimiento. Guillermo cuenta que, después de concluir su tesis, uno de sus socios identificó una oportunidad de negocio y buscaron a alguien que pudiera operar el proyecto. Así llegó Gabriela, quien se encontraba en Sevilla y tenía experiencia emprendiendo.

“Es más que hacer dinero, hacer amigos y sinceramente, sí pienso que es el mejor patrimonio que uno puede tener en la vida.” — Guillermo Arroyo Cota.

Para los fundadores, la amistad, las conexiones y la confianza no son elementos secundarios, sino parte del patrimonio que permite construir proyectos con sentido.

Gabriela Guerra y Guillermo Arroyo en entrevista para el podcast SER PRO

El primer aprendizaje empresarial: conocerse antes de construir

Uno de los conceptos centrales de Vía Propósito es la analogía de que la vida es como construir un edificio.

Antes de levantar una estructura, primero hay que limpiar el terreno. En términos personales, esto significa cuestionar las expectativas que una persona ha heredado sobre conceptos como éxito, felicidad, dinero o realización.

Después viene el autoconocimiento: identificar intereses, fortalezas y valores. Posteriormente se construye una visión de vida y, finalmente, se desarrollan hábitos que permitan convertir esa visión en acciones cotidianas.

“El gran primer paso [...] es la autoconciencia, el autoconocimiento y realmente empezar a conversar contigo mismo.”

Para los emprendedores, este principio también resulta aplicable al mundo empresarial. Antes de decidir qué negocio construir, qué liderazgo ejercer o qué objetivos perseguir, es necesario entender qué se quiere aportar y por qué.

El propósito no es una meta definitiva

Uno de los aprendizajes más importantes de la conversación es que el propósito no debe entenderse como una declaración rígida que determina toda la vida.

Gabriela explica que el propósito surge de la intersección entre quién eres, qué valoras y qué quieres aportar, pero esas variables pueden cambiar conforme una persona adquiere experiencia. Por ello, experimentar, equivocarse y tomar diferentes caminos también forma parte del proceso.

En este sentido, emprender puede convertirse en una forma de autoconocimiento. Cada proyecto, decisión, éxito o fracaso aporta información sobre lo que una persona quiere y sobre aquello que ya no le hace sentido.

“Todos esos pequeños experimentos te van diciendo cosas de ti.”

La lección empresarial es clara: tener una dirección no significa aferrarse a un único camino. Significa saber hacia dónde se quiere avanzar y tener la flexibilidad para modificar la ruta.

Aprender a convivir con el fracaso

Para Guillermo, uno de los elementos inevitables de cualquier trayectoria empresarial es el fracaso. La diferencia entre las personas no está necesariamente en evitarlo, sino en la capacidad para incorporarlo al proceso de aprendizaje.

La analogía del edificio vuelve a aparecer: los fracasos también son ladrillos de la construcción.

“A la hora de construir tiene que estar el fracaso y tienes que aceptar el fracaso.”

Este planteamiento adquiere especial relevancia para los emprendedores que pueden desarrollar un fuerte vínculo emocional con sus empresas. Guillermo señala que, cuando un negocio se convierte en “el bebé” de su fundador, puede resultar difícil aceptar que quizá el proyecto ya no funciona.

La aceptación, explica, puede convertirse en un acto de liberación que permite tomar mejores decisiones.

Así, el propósito también funciona como un marco para interpretar los tropiezos: cuando existe una dirección clara, el fracaso puede convertirse en aprendizaje; cuando no existe, puede sentirse simplemente como una derrota.

El liderazgo empieza por escuchar

La visión de Vía Propósito también plantea una transformación en la relación entre empresas y colaboradores.

Para Gabriela, las nuevas generaciones no necesariamente carecen de ambición o compromiso. En muchos casos, buscan conocerse mejor y entender cómo su trabajo puede relacionarse con el tipo de persona que quieren llegar a ser.

Por ello, considera que las empresas tienen una oportunidad para acompañar a sus colaboradores no solamente en su crecimiento profesional, sino también en su desarrollo personal.

El liderazgo, bajo esta perspectiva, requiere escuchar.

“Cuando quieres empezar a ver por las personas tienes que escuchar a las personas.”

Para los fundadores, un líder debe identificar las fortalezas de su equipo y encontrar la manera de conectarlas con la dirección de la organización. No se trata únicamente de decir cuál es el propósito de la empresa, sino de descubrir si existe una conexión real con las personas que la integran.

La experiencia también cambia el papel del empresario

La conversación aborda otro aprendizaje relevante para quienes construyen carreras empresariales de largo plazo: el éxito no consiste únicamente en mantener el mismo nivel de energía o productividad durante toda la vida.

Guillermo retoma la idea de que mientras con los años puede disminuir la energía física, existe otra curva que crece: la sabiduría acumulada a través de los fracasos, éxitos, relaciones y experiencias.

La tarea de una persona alrededor de los 40 o 50 años puede entonces cambiar: pasar de ejecutar directamente a convertirse en consejero, profesor o mentor, compartiendo aquello que ha aprendido.

Para un empresario, esto implica comprender que cada etapa requiere un nuevo rol y que el conocimiento acumulado también puede convertirse en una forma de impacto.

El verdadero patrimonio: lo que dejamos en los demás

Más allá de las empresas, activos y resultados financieros, Gabriela y Guillermo plantean una pregunta que resume buena parte de su filosofía: ¿qué queremos haber construido cuando termine nuestra vida?

La respuesta no necesariamente está relacionada con el tamaño de una empresa o el patrimonio económico, sino con el impacto que se deja en otras personas.

“Todo eso sabemos, pues es fugaz y se va y recuerdan más de tu persona cómo hiciste sentir a los demás.”

Esta perspectiva conecta directamente el propósito personal con el empresarial. Un emprendedor puede encontrar diferentes formas de vivir el mismo propósito: mediante su empresa, su liderazgo, su familia, sus relaciones o su participación en la comunidad.

Vía Propósito: convertir la reflexión en acción

Uno de los diferenciadores de Vía Propósito es que su propuesta no busca quedarse en una experiencia motivacional momentánea.

Sus talleres utilizan un manual de acompañamiento con ejercicios de reflexión, intereses y visión de vida, que los participantes pueden volver a consultar y trabajar con el paso del tiempo.

“Lo último que queremos es quedarnos en motivación vacía.”

El objetivo es convertir una pregunta compleja —¿cuál es mi propósito?— en pasos concretos que permitan avanzar.

La trayectoria de Gabriela Guerra Quintanilla y Guillermo Arroyo Cota deja así una enseñanza que trasciende el emprendimiento: construir una empresa también implica construir a las personas que la hacen posible, y construir una carrera también implica decidir qué tipo de vida se quiere edificar.

Para los fundadores de Vía Propósito, el propósito no es un destino al que se llega una vez y para siempre. Es una conversación permanente con uno mismo, una dirección que puede evolucionar y, sobre todo, una herramienta para tomar decisiones con mayor claridad, intención y sentido.

¡No te pierdas la entrevista completa!

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