Incertidumbre, enemiga de la decisión de inversión
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Incertidumbre, enemiga de la decisión de inversión

Muchos inversionistas han aprovechado el abaratamiento de productos para invertir. Pero esto no necesariamente significa una oportunidad.

Invertir aprovechando la incertidumbre o la negatividad en un entorno específico ha probado en algunos casos ser el mayor generador de retornos hablando de inversiones financieras. Sin embargo, no siempre los inversionistas “contrarians” o valientes tienen siempre la razón y caen en el optimismo extremo al subestimar factores adversos o desinformación que los lleva a malas decisiones.

Al proceso de identificar las incongruencias en los precios y los valores intrínsecos de los bienes disponibles para inversión, identificando en ellos claramente el miedo y las sobre reacciones de otros inversionistas, se le conoce como Contrarian Investing.

Los inversores que no siguen a la manada, como muchos que ejecutan proyectos repetitivos y que vemos a diario, se distinguen  de los que compran de valores financieros sin razón fundamental y siguiendo a líderes. Bajo el concepto de inversión contraria, existen múltiples historias de éxito de inversionistas que tomaron ventaja del abaratamiento de las cosas producido durante la inestabilidad económica de un período y la escasez de liquidez. 

Como lo describe en su obra José Mariategui, Pesimismo de la realidad y optimismo del ideal: El pesimismo exclusi­vamente negativo se limita a constatar con un gesto de impotencia y de desesperanza la mise­ria de las cosas y la vanidad de los esfuerzos nihilistas que esperan melancólicamente su última desilusión. Al mismo tiempo, nuestro «optimismo del ideal» no nos consiente tolerar que se nos confundan los hechos que contradicen nuestra tesis de inversión.

El observar que los precios bajan no necesariamente implica una oportunidad. Habría que interpretar con mayor atención el entorno, pues los precios podrían tener menos valor más adelante en el tiempo. Aquí la importancia de destacar la diferencia entre precio y valor, donde el precio es lo que pagamos por las cosas, y el valor es el beneficio que obtenemos en el tiempo.

Pongamos en un contexto global y en el de México estas ideas. Lo que percibimos como planteamientos políticos diferentes a lo ortodoxo en Estados Unidos por parte del presidente Trump, en México tiene generalmente una interpretación negativa. Sin embargo, en Estados Unidos no se ha observado una desaceleración económica y  el nivel de desempleo reportado es históricamente el más bajo.

Bajo un entorno de certidumbre, la guerra comercial de Estados Unidos con el mundo es apoyada por la mayoría de los ciudadanos Americanos, que apalancados en su patriotismo, apoyan las iniciativas de su presidente en la búsqueda del superávit comercial.

Para el caso de México, algunos datos recientes y las declaraciones del presidente López Obrador parecen no ser convincentes y provocan sensaciones de que el Gobierno no atraviesa por un buen momento.

Al irse este pensamiento generalizando, junto con datos de menor productividad, crecimiento e informalidad que distorsiona datos, se podría caer en la parálisis. Las claras señales de desaceleración y de cautela que se observan en algunas industrias, son afectadas por la negación de ver la realidad por parte de algunos y por el conformismo de otros.

La alternativa de inversión durante momentos de incertidumbre como el actual es complementar el patrimonio del inversionista en México con activos que no tengan correlación con nuestra economía nacional. Si a esta incertidumbre del desempeño económico agregamos las noticias amarillistas amplificadas por las redes sociales, fácilmente podemos tener un entorno apto para inversiones contrarias mal enfocadas.

La volatilidad del dólar y la depreciación del peso, la caída del precio del petróleo, así como las proyecciones del limitado crecimiento económico de China y Estados Unidos configuran un escenario de inestabilidad e incertidumbre para la economía. Y aunque los anuncios oficiales auguran fortaleza y certeza, esto no aplica para más de la mitad de la población que vive a merced de la precariedad.

El escenario es complicado y los retos muy grandes. Por ello, ante los vientos cambiantes de la economía internacional, la gran pregunta es: ¿Cuáles son las certezas de la economía mexicana para enfrentar esta coyuntura?

¿Podemos pensar que habrá mejorías para la calidad de vida de la gente? La respuesta es que, muy probablemente, no. La cotización del dólar, que recientemente llegó a su nivel más alto frente al peso mexicano, es sólo un síntoma de los tiempos inestables.

El complicado momento debería servir para que entendamos que en tiempos de incertidumbre hay que construir certezas: fortalecer e incentivar las microempresas, facilitar créditos para emprendimientos que generen empleos e invertir en sectores que impulsen oportunidades, tanto las temporales como en la construcción de obras de infraestructura, como aquellas que son a mediano y largo plazo, como la educación, la ciencia y la tecnología.

Hacerle frente a la inestabilidad es la propia capacidad de hacer, por lo que estrategia debe pasar por el fortalecimiento de la pequeña economía, los emprendimientos, la innovación y la creatividad.

Ante el escenario incierto actual donde hay más déficit y más deuda en las finanzas públicas, no se paralice pues hay múltiples opciones para invertir de manera contrarían o aprovechando las megatendencias globales. Las tendencias de inversión en la generación millennial, en la tecnología de movilidad eléctrica y los commodites relacionados a esto es la alternativa.

Infórmese de los riesgos en otros medios formales a los habituales. Subestime la información en redes sociales amarillistas. Invierta.

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